domingo, 22 de febrero de 2009

Lógicas de inmunidad



Me pregunté por la reacción de la gente al ver a alguien vendiendo al interior del ámbito de una estación de tren. Digo reacción porque acá (Valencia) es algo que está casi completamente regulado por lo que no hay presencia de venta ambulante, pero si de "venta estática". Con esto me refiero a las máquinas expendedoras de alimentos que se ubican en "espacios regulados"de todo tipo. ¿A qué sentido se podría apelar si hacemos literal la relación monopolizada de los "espacios públicos regulados" con las empresas y el consumo? Si ofrezco los mismos productos extraídos de la máquina y me sitúo a un lado para revenderlos, la empresa no pierde nada y el negocio continúa, pero yo me expongo a ser amonestado, detenido o lo que sea que el guardia de turno (si se entera) quiera hacer conmigo.


La lógica de este microproyecto es exponer como la regulación del espacio funciona a favor de tod@s aquell@s que tengan el capital suficiente (nada nuevo). Cuando fuimos a la estación de tren del Cabanyal, ingenuamente les quise contar a los guardias sobre mi idea, de buena manera me dijeron que no había problema, pero obviamente iba a llegar el encargado, que de pasarse del típico funcionario que sólo dice lo justo, me terminó contando sobre las leyes y los procedimientos (que no se deben contar por "sentido común") que ocurrirían en el caso hipotético que alguien hiciera lo que yo quería quería. Justamente lo que me dijo que iba a pasar era lo que yo quería que pasara para afirmar mi denuncia, lamentablemente por mi situación legal en este país, no me quería arriesgar a que cumpliera con su palabra. El administrador nos contó además que las máquinas que estaban ahí habían ganado un concurso del BOE y que cualquier persona podría participar, lo que echaría a bajo en principio mi microproyecto a no ser, que el capital necesario para hacerlo correspondería al de una gran empresa consolidada como tal... aquel reducidísimo grupo de personas que pueden participar de concursos y que las leyes les favorecen para que siga así. Nada nuevo bajo el sol.

Me iba a ir medio frustrado a escribir una crónica que era lo único que tenía para compartir, y mi tela en el bolso y mis monedas para las máquinas. Al venirme a la universidad, recordé que habían máquinas parecidas en muchos sitios que me servirían para contar lo que no llegué a hacer. Pero de pronto me di cuenta que una vez más estaba en el mismo tipo de espacio legislado que en la estación. La universidad obedece exactamente a las mismas leyes y concursos que ese otro espacio, y los seguratas en vez de pedirme permisos de la estación central de Renfe en Valencia, me pedían permiso del Señor Rector. Obviamente acá no me sentí tan vulnerable como para no llegar a hacerlo. Mejor para mi, acá el registro de una acción simbólica que potencialmente podría tener consecuencias penales para mi, y para cualquier otr@. El espacio ES un espacio regulado, sea donde sea que estemos, público o privado. La universidad puede ser uno de los últimos lugares donde se pueden franquear muchas de las mierdas que nos impiden desarrollarnos creativamente, originalmente y de manera un poco más libre, pero sigue siendo un espacio comerciado y comerciable, y para poder concursar, hay que tener guita, así de simple, suficiente como para "ser el mejor postor", suficiente como para poder regalarle a cada estudiante un computador como aquél.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada